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21 de agosto de 2011

Más que ayer y menos que mañana

En continuo aumento. Incondicional. Desinteresado. Estigmático. Enriquecedor. Enloquecido. Dulce. Profundo. Constante. Jovial. Motivador. Generoso. Importante. Necesario. Exigente. Entrañable. Altruista. Impetuoso. Personal e instransferible. En continua progresión. De todo corazón. Eternamente fiel. Con todo el alma. Con desgarro. Con desespero. Con temor. Con esperanzas. Con sigilo. Con alegría. El más sincero del mundo. Por el que lo daría todo. Un duermevela. Tierno. Impetuoso. Por el que se perdona. Por el que se tolera. Por el que se evoluciona. Por el que se ríe. Por el que se llora. Por el que se sufre. Por el que se da sin esperar. Por el que te derrumbas y te levantas. Por el que se apuesta. Por el que te sobrepones. Por el que se lucha. Ante el que no hay distancias. Ante el que no hay fronteras. Ante el que no se quieren imposibles. Desde el respeto. Desde la confianza. En la distancia. En la proximidad. Para toda la vida.
Sin tapujos. Sin reproches... Inexplicable.
MI AMOR DE MADRE
(Imagen: colorear.info)

13 de agosto de 2011

Las cosas buenas no deberían cambiar nunca

El calor de tu casa. El cariño incondicional de tus padres. El cobijo de tu habitación. La intimidad de tu baño. La alegría de los amigos. La felicidad de tus hijos. La brisa del verano. El respeto, el apoyo y el cariño de tu pareja. El cielo estrellado. El reflejo de la luna sobre el mar calmado. El olor a paella. Una comida familiar. Una charla relajada. La cama recién hecha. Un helado. Una siesta. Un libro interesante. La llamada de un amigo. Las risas de los niños. El trabajo. La salud. Una sonrisa. Un capricho. Los recuerdos. La tranquilidad. La confianza. Una bebida fresquita en verano. Una bebida caliente en invierno. Las ilusiones. Los proyectos. El cariño. Un reencuentro. Un perfume. La compañía. La soledad elegida. La complicidad de los tuyos. La armonía en  casa. Una llamada a tiempo. Compartir. Los sueños. La verdad. La sinceridad. Un paseo. Un regalo. Un abrigo cuando hace frío. Un abanico para el calor. La paz. El sosiego. La calma. La tranquilidad. Las buenas noticias. Un abrazo. Un beso. Una cita. Una fiesta. Una mano amiga. Tiempo libre. Un chiste. Un consuelo. Una mirada cómplice. La noche de Reyes. Un juego. Un cuento. Regresar a casa. Una caricia. Un te quiero...

(Imagen: felipecoello.blogspot.com)

9 de agosto de 2011

Pueden pasar dos cosas

Con la llegada del verano, en las zonas costeras,  algunos looks personales alteran y decoran el panorama callejero. A saber.
Si eres de aquellos que luce vermudas cortas, mocasines cerrados y camisa azul cielo con manga larga ligeramente remangada, pueden pasar dos cosas:
-Que seas un chico formal, fragmentalmente friolero o que seas un Borja Mari.
Si eres un chico formal parcialmente friolero, no pasa nada. Pero si eres un Borja Mari corres el riesgo de conocer a una Jenifer.
Si conoces a una Jenifer, pueden pasar dos cosas:
-Que sea una chica normal cuyos padres escogieron este maravilloso nombre, o que seas la Jenifer de Castefa de la canción del verano.
Si eres una chica normal con un nombre importado, no pasa nada, pero si eres la réplica de la  protagonista de la canción del verano, pueden pasar dos cosas:
-Que salgas con Borja Mari o que te eches un novio un poco cholo.
Si sales con Borja Mari, tuneará su coche por tí y no pasa nada, pero si sales con un cholo, pueden pasar dos cosas:
-Que sea un buen chico con un corte de pelo fresquito o que tenga un padre con un recién kit playero estrenado.
Si es un buen chico y se ha pelado la nuca demasiado, no pasa nada, pero si tiene un padre que viste kit playero, pueden pasar dos cosas:
-Que el hombre vista de manera sencilla sin importarle tendencias, o que se deje proveer por su mujer en el mercadillo de su pueblo.
Si al hombre lo que le importa es ir cómodo, no pasa nada, pero si se abastece del mercadillo para lucir su atuendo playero, pueden pasar dos cosas:
-Que el hombre tenga buen gusto y elija prendas que le favorecen o que se pasee con calcetines, chanclas, tirantes, vermudas medida corsario, gorra y gafas de sol a todas horas.
Si el hombre elije con gusto sus modelos de verano, no pasa nada, pero si parece un extranjero cateto en su propio país, pueden pasar dos cosas:
-Que sea feliz con el atuendo que le han preparado con todo cariño, o que su asesora más que su querida mujer sea su peor enemiga.
Si su asesora es su dulce mujercita que lo hace con buena voluntad y a ella le gusta, no pasa nada, pero si lo que quiere es vengarse de su marido ¿por qué se sube a esos tacones tipo chancleta, se ajusta las mallas cortas y luce un escote de vértigo tipo Choni?
Si ella lo ha elegido desde la voluntad de que su hombre luza fresquito y adecuado a la zona, no pasa nada, pero si es una Choni...
En fin, que no hay nada tan entretenido, durante esta época, como sentarse en el paseo Marítimo de un pueblo costero y deleitarse con el desfile de moda asegurado.
Lo peor viene después: cuando eres tú la que te levantas y paseas tu estilo.¡ A saber!

(Imagen: asestilo.com)

31 de julio de 2011

El carrito del helado

Mi infancia son recuerdos de un patio de Torredonjimeno donde pasaba las siestas de las vacaciones de verano jugueteando con mi hermana y con mis primos, a hurtadillas de mis padres y con la complicidad de mis abuelos paternos. 
Entre risas, cuchicheos, remojones y juegos, esperábamos impacientes y tarde tras tarde, que pasara el carrito del helado.
Era el premio, la recompensa, el trofeo anhelado por  disfrutar felices, lejos de casa, rodeados de los nuestros, inmersos en un ambiente seco, caluroso, encalado, andaluz, con olor a cooperativa de aceite y matalahúva o anís verde proveniente de los hornos pasteleros cercanos a la casa de mis abuelos. Como ruído de fondo, el huu huuu melancólico y bajo de tórtolas y palomas desde tejados cercanos y el monótono y reiterativo canto de la chicharra estival.
Mientras el vigía de turno acechaba tras la cortina de la puerta a que pasara el carrito del helado (evidentemente tirado por el heladero itinerante), el resto de primos gozábamos de nuestras particulares vacaciones: parchís, ajedrez, risas, agua... del zaguán al patio y del patio al zaguán, todo ello procurando no hacer mucho ruído para respetar así la siesta de mis padres, cosa que hacía más divertidas las siestas, no  sólo porque durmieran los mayores, sino porque era práctiamente imposible "no hacer ruído".
Los cómplices del alboroto contenido: mis abuelos.
Genial. Juegos, risas, correteos, remojones, cuchicheos... de unas siestas impregnadas de cariño,.. a la espera de un helado.

(Imagen: lanarrativabreve.blogspot.com)

27 de julio de 2011

Mujeres que en mi vida han sido. Mis abuelas. (Raíces II)

Paca
Juana

Magdalena
Yo tenía, o mejor dicho, yo tengo tres abuelas. Sí, habéis leído bien. 
Dos abuelas paternas y una materna. 
Paca, Juana y Magdalena. 
No se trata de nuevos modelos de familia, no. 
Mi abuela Paca (la primera foto) murió a raíz del parto de mi padre cuando éste contaba sólo con dieciocho meses de vida. Año 1932. De ella guardo: su nombre (que llevo con mucho orgullo), el segundo apellido de mi padre,  esta maravillosa fotografía, y sobre todo la figura de mi padre, tan importante en mi vida.
Mi abuela Juana (segunda fotografía) se casó con mi abuelo paterno cuando mi padre tenía cinco añitos. Después de sus abuelas y tías, ella le ejerció de madre. De ella guardo maravillosos recuerdos: veranos llenos de cariño, de complicidad, de risas, de juegos, de familia, de paciencia, de valores, de serenidad, de integridad,  de bondad... Cuando pienso en ella,  lo primero que me viene a la memoria es que le gustaba mucho el fútbol y se lo sabía todo de este deporte. Me gustaba observarla, por las mañanas, mientras se hacía el moño. Era hospitalaria, acogedora, generosa, inteligente, permisiva, condescendiente, trabajadora, con carácter...  Sencillamente entrañable.
Mi abuela Magdalena (tercera fotografía) es mi abuela materna. Yo fui su primera nieta y éso me aportó algún que otro privilegio. De ella guardo vivencias tanto del pueblo como de aquí, porque ella pasaba temporadas en Barcelona. Era muy guapa. La recuerdo siempre guapa, a todas las edades. Tenía una piel espléndida que me hubiera gustado heredar. De ella guardo muchos recuerdos y, como los niños somos un poco interesados, me viene a la memoria la cantidad de veces que me daba dinero, o me compraba un helado, me hacía un regalo o me daba un capricho. Ella es la única que he visto morir.
Fue triste sobrevivir  la muerte de las tres. La primera, me la contaron. Las otras dos las viví: una a distancia y otra en primera persona. 
Pero para mí las tres están presentes. Para muestra, un botón. Aquí las tres, tan rícamente, en las redes cibernéticas de un blog de su nieta, año 2011. Como si "na".
Sirva mi entrada para homenajear la figura de mis abuelas y a toda su maravillosa prole: mis tíos, mis tías, mis primos y mis primas.
Besos.

24 de julio de 2011

Desde la soledad del nido

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Desde la soledad de mi nido, un canto de añoranza.
Aquí estoy. Frente al mar. Sola con mi marido. Buena compañía. Como dice mi hijo mayor "como si fuéramos novios". Parece que funciona Internet: lentísimo, pero funciona. Me ha dejado leer mi correo y entrar en el blog, aunque no sé por qué no me permite  enviar comentarios. El calor no es sofocante.  La brisa no va cargada de humedad. Gozo de vacaciones, de tiempo libre. No dependo del reloj.
Estoy en mi lugar de veraneo, el sitio de mi  recreo desde hace ya cerca de diecinueve años. Libertad de movimientos. Disponibilidad horaria total. Ocio asegurado: lectura, música, playa, costura, paseos, compras...
Y, sin embargo, me invade la nostalgia. Echo, mejor dicho "echamos" mucho de menos a nuestros dos pajaritos. El nido está vacío.
No es lo mismo si no somos cuatro. No es lo mismo si no hay cuatro servicios en la mesa. No es lo mismo si no se llena a diario el cesto de la ropa sucia. No es lo mismo si nadie reclama, reprocha, pide,  se pelea, exige..., se retrasa. No es lo mismo si no se depende de un horario compartido. No es lo mismo si no se pacta por el mando de la tele. No es lo mismo si, de vez en cuando, no  se oye una voz más alta que otra. No es lo mismo si no te sorprendes al ver abrirse la puerta. No es lo mismo si no hay que compartir espacios...
NO ES LO MISMO.
Y aquí estamos. Tristes sin causa. Pensando en qué haran, pendientes del teléfono, recordando cuando los llevábamos con nosotros a todas partes, viéndonos reflejados en muchos jóvenes padres... Esto debe ser el preludio del síndrome del nido vacío. Lo sospecho.
Y aquí estoy, disfrutando de este deseado paréntesis de relax esperando a que aniden de nuevo y llenen mi nido, nuestro nido, su nido, para seguir viviendo la vida que nos ha tocado vivir. Y, cuando volvamos a  convivir tres o mejor todavía  cuatro, sobrellevar y saborear sus ánsias de hacerse mayor, sus ánsias de libertad, sus ganas de volar y... seguir con mi canto de añoranza, ya con el nido completo, hacia  aquellos tiernos abrazos, las vocecillas ingenuas, los arrullos, los besitos, la cremita, el cubo, la pala... y las cuatro toallas sobre la arena de la playa.

(Imagen: saludmentesana.com)

21 de julio de 2011

¡Qué diantres! Pasa palabra, ¡ pardiez!

1. Conjunto de cosas menudas, sin valor o de importancia muy secundaria.
2. Manta, prenda de vestir o tejido en general, construido a base de coser trozos más o menos rectangulares de otros tejidos para reutilizalos.
3. Necesidad de algo.
4. Dondequiera.
5. Despropósito, simpleza.
6. Detalle secundario o circunstancia de un asunto.
7. Prenda atada a la cintura para cubrir la falda.
8. Conjeturar, presentir una cosa por algún ligero indicio.
9. Incomodar o molestar con peticiones intempestivas o inconvenientes.
10. Pérdida, daño o perjuicio.

BARRUNTAR, IMPORTUNAR, QUEBRANTOS, ZARANDAJAS, ALMAZUELAS, 
MANDIL, DOQUIER, MENESTER, ZARANDAJAS, IMPORTUNAR

¿Os apetece jugar?

(Imagen: alimontero.blogspot.com)